Una gran parte de los colegios de primaria en España, especialmente los públicos, tienen más de medio siglo de antigüedad, datando lógicamente, de antes de la entrada en vigor del Código Técnico de Edificación de 2007. Es muy común que los
patios escolares estén dominados por pistas deportivas, especialmente campos de fútbol, con inexistentes, o muy escasas zonas verdes, áreas de juego tranquilo y otras actividades.
Según los datos del Observatorio Europeo del Clima y la Salud de 2022, los riesgos para la salud asociados al calor se han incrementado para el 40 % de las escuelas de las ciudades debido al efecto `isla de calor'. Es más, se estima que
cerca del 90 % de las escuelas de primaria tienen menos de un tercio de sus servicios, áreas e infraestructuras a menos de trescientos metros de un espacio verde.
Los niños y niñas han ido perdiendo espacios donde jugar al aire libre. El patio escolar es uno de los espacios donde pueden desarrollar sus juegos, relacionarse entre iguales y sin la supervisión familiar, cobran por tanto una importancia
crucial en su desarrollo.
Pero la mayor parte de los patios escolares, y también del entorno de los colegios, son grises, es decir, están conformados principalmente por cemento y otros materiales artificiales. Este modelo debilita la conexión de los niños y niñas
con la naturaleza, afectando negativamente a su capacidad para actuar de forma responsable y afrontar constructivamente el cambio climático.
La adaptación de los espacios urbanos mediante soluciones basadas en la naturaleza para afrontar el cambio climático, en especial en los entornos y patios escolares, beneficia tanto a los menores como al conjunto de la ciudadanía. Porque la
renaturalización de centros educativos y, también, de los entornos escolares no es únicamente una estrategia de adaptación climática, es un imperativo de educación ecosocial, justicia ambiental y salud planetaria.
Necesitamos crear refugios climáticos en nuestros pueblos y ciudades. Crear refugios climáticos en entornos escolares puede ser un primer paso en la imprescindible transformación urbana. Necesitamos pueblos y ciudades que garanticen la
inclusión y el poder compartido entre los distintos agentes implicados. Debemos crear refugios climáticos basados en la naturaleza, superando el modelo tradicional de espacios climatizados cerrados. Comenzar con los colegios y centros educativos
es el primer paso para impulsar una transformación urbana a mayor escala utilizando las escuelas como nodos estratégicos que nos permitan afrontar el cambio climático positivamente.
No se pueden crear espacios para la infancia sin escuchar sus inquietudes. No solo son uno de los grupos más expuestos a la nueva situación climática, y por ello deben ser especialmente protegidos, sino que deben participar en su diseño y
sus propuestas deben ser tenidas en cuenta. La imaginación infantil es un valor que debemos aprovechar.
La renaturalización de los patios permitiría crear un nuevo espacio educativo, aumentar la calidad educativa de los centros, va a implicar beneficios físicos, al acentuar la movilidad, y beneficios psíquicos, al provocar la interacción de la
comunidad educativa con la naturaleza, generando bienestar y relax.
Los patios escolares basados en la naturaleza no solo mejoran la calidad de la educación y el bienestar de la comunidad educativa, sino que, además, pueden actuar como catalizadores de una transformación urbana más amplia. Las escuelas no
son entidades aisladas de sus barrios ni poblaciones, sino puntos de palanca para el cambio sistémico.