La invasión de Ucrania, iniciada en febrero de 2022, incidió de forma muy
negativa en la situación que atravesaban ya la mayor parte de los
sectores agrarios, lastrada por un incremento sostenido de los costes de
producción como consecuencia de aumento de los precios de la energía y
los combustibles.
En este período los bienes y servicios de uso corriente en el sector han
experimentado un encarecimiento del orden del 50 % y, particularmente
algunos, como el carburante, se han llegado a incrementar un 85 % y los
fertilizantes prácticamente han duplicado su precio. Igualmente, los
bienes de inversión han elevado su coste en el entorno del 20 %.
Esta situación ha agudizado su empeoramiento, con la subida de los costes
productivos, provocada por una sequía que se prolonga en ambos sectores
al menos durante las últimas campañas. Según el índice estandarizado de
precipitaciones a dos años, aproximadamente un 70 % del territorio del
Estado presente índices por debajo del que sería normal con amplias áreas
que ocupan extensiones importantes en varias Comunidades con valores de
seco a muy seco.
Esto ha provocado cosechas cortas en los sectores de viñedo y de olivar.
La campaña vitivinícola de 2022 fue una de las cuatro de menor volumen de
la última década. La del año 2023, ha agudizado esta deriva con una
cosecha de vino y mosto de tan solo 31.915.232 hl, 9 millones menos que
la pasada campaña y la campaña más corta de
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los últimos 35 años en España. Por su parte la recolección de aceituna
2022/2023 cerró con una producción de la mitad de la media habitual en el
sector en los últimos años. Las previsiones para ambos sectores en esta
presente campaña estiman reducciones también muy importantes, acumulado
los olivicultores y viticultores dos malos ejercicios consecutivos y,
además, con unos costes de producción elevadísimos.
Por otro lado, se han producido, fruto de la sequía y de la invasión
bélica por parte de Rusia a Ucrania una inestabilidad comercial que
también ha afectado a los mercados tanto internos como externos, en los
que también está influyendo una reducción del poder adquisitivo de los
productores.
Para el vino todo ello se está traduciendo en una reducción del consumo,
más centrado en ciertos tipos de vino como son los vinos tintos y
rosados, así como en dificultades excepcionales para su comercialización
en los principales mercados de exportación. La apatía en el sector ha
traído consigo, incluso, la pérdida de fondos europeos que en las dos
últimas campañas han superado los 45 millones de euros por la
imposibilidad de cofinanciar las intervenciones sectoriales por parte de
los distintos agentes, en especial las medidas de reestructuración y
reconversión de viñedo, sin opción a utilizar tales fondos para compensar
las severas pérdidas del sector productor.
En el caso del aceite de oliva se ha provocado, por añadidura, una espiral
inflacionista del precio al consumidor con un aumento del precio en el
último año de casi un 40 %, aunque en el caso del aceite de mayor
calidad, el virgen extra, el precio se ha triplicado.
Esta subida en destino no beneficia al conjunto de los productores de
aceituna, pero si genera efectos perversos como la disminución de un 17 %
del consumo interno y la caída de las exportaciones en un 35 %, en un
año.
Pese a ello, el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, en las
diversas medidas puestas en marcha como respuesta al agravamiento de las
condiciones económicas del sector primario derivado del conflicto bélico
en Ucrania y de las condiciones climatológicas, no ha contemplado en
ningún momento apoyos para los productores de sector olivar, ni para los
productores del sector viñedo.
Aunque el mercado deberá adaptarse gradualmente a las nuevas
circunstancias, se considera necesario en estos momentos apoyar a los
productores en estos dos sectores, en los que los costes de los insumos
están aumentando hasta niveles insostenibles, y en los que los productos
no pueden encontrar una salida normal al mercado.
Por todo lo apuntado, y para reaccionar con eficiencia y eficacia ante la
situación descrita, se considera necesario instrumentar una medida
excepcional para la concesión directa de una ayuda a fin de compensar las
negativas consecuencias económicas del conflicto bélico en Ucrania,
agravada por las circunstancias climatológicas, para las explotaciones
agrarias en los sectores de olivar y viñedo.
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