El uso de jets privados ha venido históricamente asociándose a viajes de negocios, principalmente, aunque este paradigma parece estar en un claro proceso de cambio. Según los datos del informe, `El turismo de lujo y su impacto', realizado
por `T3 Transportation Think Tank', y publicado por Greenpeace en septiembre de 2024, se demuestra que el turismo convencional de vuelos regulares y el turismo de lujo de vuelos en jets privados tuvieron un patrón estacional muy similar en 2023. El
estudio analiza los aterrizajes de jets privados en 45 aeropuertos de destinos de gran importancia turística o vacacional de toda Europa durante todo el 2023. Fueron 117.965 vuelos, y en la mayoría de los aeropuertos los jets privados llegaron
durante el periodo vacacional de verano, es decir, entre el 1 de junio y el 30 de septiembre de 2023. El 42,6 % de los vuelos tuvieron lugar en el periodo comprendido entre el 1 de junio y el 30 de septiembre, lo que supone el 41,6 % de las
emisiones de CO2.
En España concretamente fueron 27.122 aterrizajes de jets privados en 2023, un 23 % del total de los países analizados en el informe: 7.502 en el aeropuerto de Palma de Mallorca, 6.504 en Aeropuerto de Ibiza, 6.314 en el Aeropuerto de
Málaga, 4.826 en el Aeropuerto del Prat, 843 en el Aeropuerto de Menorca, 542 en el Aeropuerto Tenerife Sur, 434 en el de Gran Canaria, 93 en el Aeropuerto de Lanzarote y 83 en el de Tenerife Norte.
En los destinos estivales (41 de 45 aeropuertos), la llegada de jets privados aumentó de media un 106 % durante la temporada veraniega (junio-septiembre) en comparación con la temporada baja (octubre-mayo), lo que indica que estos vuelos se
utilizan principalmente para el ocio y no exclusivamente para los negocios. En el mes de julio el uso de jets privados se dispara aún más en los destinos estivales, las llegadas aumentaron de media un 250 % comparado con enero.
El total de los 117.965 vuelos analizados causaron 526.071 toneladas de CO2, y de media, los jets privados emiten diez veces más CO2 por pasajero-kilómetro que un avión comercial típico. Las emisiones de CO2 que emite un vuelo medio en jet
privado en vacaciones (4,4 t de CO2 ) casi igualan las emisiones anuales de CO2 relacionadas con la energía de una persona europea media en 2023 (5,3 t de CO2 ). En total los 27.122 vuelos en jet privado a destinos vacacionales españoles provocaron
unas 134.000 toneladas de CO2. Esto equivale a las emisiones anuales de unos 89.300 coches propulsados por combustible fósil. Estas son únicamente las emisiones de los vuelos a sus destinos; no incluyen las emisiones de los vuelos de vuelta.
El 11,9 % de los vuelos son de muy corta distancia con un máximo de 250 km; el 34,7 % de los vuelos son inferiores a 500 km, lo que significa que más de un tercio de los vuelos son vuelos de muy corta distancia. El 93,2 % de los vuelos se
realizaron dentro de Europa, siendo uno de los principales destinos las islas Baleares.
Sin embargo, los cuatro aeropuertos de las islas Canarias —Tenerife Sur, Gran Canaria, Lanzarote y Tenerife Norte—, experimentan picos de llegadas entre otoño y primavera ya que durante los meses más fríos de Europa Central esta zona
disfruta de unas temperaturas agradables.
También el número de yates de lujo se ha duplicado con creces desde el 2000 tal y como señala el estudio La desigualdad de las emisiones de carbono mata, publicado por la ONG Oxfam el pasado 28 de octubre. Con aproximadamente 150 nuevas
embarcaciones al año (a nivel global y con datos de 2021), a pesar de que estas embarcaciones permanecen atracadas durante casi todo el año, aproximadamente el 22 % de sus emisiones totales se generan durante este período de «inactividad». Además,
estos yates suelen contar también con buques de apoyo para su personal, helicópteros que también necesitan combustible e instalaciones con aire acondicionado.
Oxfam estima en su estudio que la huella de carbono anual de cada una de estas embarcaciones asciende, de promedio, a 5672 toneladas; una cantidad que triplica con creces las emisiones generadas por los aviones privados de los
milmillonarios. Esta cifra equivale a las emisiones de una persona corriente durante 860 años, y multiplica
por 5610 las emisiones de una persona que se encuentre entre el 50 % más pobre de la población mundial. El informe concluye que unos pocos milmillonarios están «acelerando» el cambio climático, mientras que un europeo medio, se calcula que
tardaría 585 años en contaminar lo mismo que los más ricos con sus yates durante un solo año.
Este tipo de transporte es el más desigual, más injusto y contaminante. En un mundo que se enfrenta tanto a una crisis energética global como a una crisis climática acelerada que amenazan millones de vidas, es crucial arrojar luz sobre los
daños sociales y medioambientales que causa la industria de los jets privados y los yates. Mientras que las personas con un alto poder adquisitivo realizan numerosos viajes con altas emisiones de carbono, en los últimos 20 años la brecha entre las
personas ricas y pobres ha aumentado en dos tercios de los Estados miembros de la UE.
La crisis climática es el reto más complejo al que nos enfrentamos como humanidad. Las políticas públicas para mitigar sus efectos y adaptarnos a sus consecuencias deben ser por encima de todo justas, y aquellos que más contaminan no solo
deben responder al principio de «quien contamina paga» sino al de contaminar menos, como hace el resto de la ciudadanía.