No es infrecuente que grandes cetáceos entren en las aguas de influencia
portuaria. Así por ejemplo el 21 de agosto de 2020, un grupo de rorcuales
(Balaenoptera physalus) obligó a detener el tráfico marítimo en el Puerto
de Barcelona durante cerca de un par de horas (1) (2). El grupo de
cetáceos (3), compuesto de tres adultos y una cría, fue detectado a menos
de dos millas de la costa por una embarcación de la Unidad de Playas de
la Guardia Urbana que navegaba por la zona, el cual observó cómo los
cetáceos se dirigían hacia el interior del puerto de Barcelona. Alertado
Salvamento Marítimo, se paralizó el tráfico marítimo en el puerto de
Barcelona, para permitir la salida de los animales. Los cetáceos entraron
en la zona de grandes buques y allí, los agentes consiguieron revertir el
rumbo de los cetáceos y dirigirlos hacia la escollera, donde ya
emprendieron la ruta hacia alta mar, unas dos horas más tarde del inicio
de su aventura por el puerto.
Lamentablemente, el Puerto de Barcelona no ha sido siempre escenario de
noticias con final feliz para estos cetáceos. Hace unos años, un rorcual
común falleció tras ser embestido por el carguero surcoreano Hanjin
Shipping, que navegaba por aguas próximas a la ciudad de Barcelona. El
cetáceo, de 20 metros de largo, quedó
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enganchado en la proa del barco y fue arrastrado durante seis millas hasta
llegar al puerto en un estado lamentable. (4)
En concreto, el avistamiento de rorcuales en las proximidades de las
costas de Barcelona y otras zonas muy próximas del litoral de Cataluña,
Valencia y las Islas Baleares es relativamente frecuente, lo que es una
muestra de la importancia de estas aguas para esta especie y otras
presentes en la zona. De hecho, a una distancia media de tan solo 38 km
de las costas catalana y valenciana, por el oeste, y a unos 13 km de las
costas de las islas de Ibiza, Mallorca y Menorca por el este, discurre,
paralelamente a estas costas, una franja continua de aguas marítimas de
unos 85 km de anchura media y una superficie calculada de 46.385,70 km2,
en las que España ejerce soberanía o jurisdicción, el llamado Corredor de
Migración de Cetáceos. Este corredor está limitado al norte por la zona
del Cabo de Creus, en Gerona, y, al sur, por el Cabo de la Nao, en
Alicante. Fue declarado Área Marina Protegida por el Gobierno español en
junio de 2018 y posteriormente, en diciembre de 2019, fue incluido en la
lista ZEPIM del Convenio de Barcelona.
Como se refleja en varias resoluciones aprobadas por el Acuerdo de Mónaco
sobre la conservación de los Cetáceos del Mar Negro, el Mar Mediterráneo
y la Zona Atlántica Contigua (ACCOBAMS), la velocidad, más que la forma
de los buques o su desplazamiento, es el factor más significativo en las
colisiones de cetáceos con barcos
Las conclusiones de los expertos internacionales en esta materia son
claras al respecto: el método más eficaz y el único demostrado disponible
en la actualidad para reducir las colisiones mortales con cetáceos es la
reducción de la velocidad.
En base a las conclusiones de los científicos, se propone establecer una
velocidad máxima obligatoria de 10 nudos. Un límite de velocidad de 10
nudos reduciría drásticamente el riesgo de colisión mortal con cetáceos.
También reduciría las emisiones de ruido submarino y es una medida eficaz
y rentable para lograr reducciones muy significativas de dióxido de
carbono (CO2), el principal gas de efecto invernadero, y de contaminantes
atmosféricos tóxicos como SOx, NOx y partículas (PM).